Hotel Palestina

Periodismo internacional

Foto: Fernando Matey

05/07/2013
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El hombre del paraguas en Egipto

A las 9.30 horas de aquel 22 de noviembre el cielo estaba despejado en Dallas y, sin embargo, alguien abrió un gran paraguas negro justo en el momento en que pasaba la limusina de Kennedy. Era el único paraguas que pudo verse en la ciudad aquella mañana soleada. Y además estaba en el lugar exacto por donde pasaron las balas que mataron al presidente.

Sospechoso, ¿verdad? Le llamaron “el hombre del paraguas” y dio lugar a todo tipo de teorías: se dijo que sus movimientos eran señales para los tiradores, que aquel paraguas disparó un dardo envenenado, e incluso que se trataba de un paraguas-pistola desarrollado por la CIA a finales de los años cincuenta.

Quince años después “el hombre del paraguas” se presentó ante el comité que investigaba el magnicidio. Y declaró que lo suyo fue una especie de protesta. Una protesta visual, pero no contra J. F. Kennedy, sino contra su padre: Joseph Kennedy, embajador en Londres en 1938, y que en aquella época mantuvo una política de contemporización con el nazismo. El paraguas era una referencia a Neville Chamberlain. Tan absurdo como cierto.

Nadie ha contado la historia como el director de documentales Errol Morris en este corto de 6 minutos, que The New York Times publicó como editorial en su página web, en el 48 aniversario del asesinato de Kennedy.

Suelo proyectar este documental a mis alumnos de periodismo para explicarles que en la política, como en la vida, casi nada es lo que parece. Y que deben mantener una actitud crítica para no dejarse llevar por las apariencias. En ocasiones, la deformación de la realidad puede proceder de una imagen, como la de aquel pobre hombre del paraguas. Otras veces procede de las palabras. Como el eufemismo “daños colaterales” que casi siempre  esconde la muerte de muchos civiles.

En el mundo árabe son muy frecuentes las confusiones. Tanto, que el mítico periodista de La Vanguardia Tomás Alcoverro tituló así un libro-resumen de sus crónicas durante casi cuatro décadas: “Espejismos de Oriente”. Y detrás de la alegría de los jóvenes laicos y musulmanes moderados en El Cairo puede haber otro espejismo, e incluso “una tragedia”, como titula mañana The Economist. Hay algunos datos que, por desgracia, apuntan en esa dirección:

1. Un golpe de estado sin atenuantes. Los líderes europeos sólo pronuncian las tres palabras cuando desaparecen los micrófonos, pero es evidente que se trata de un golpe militar, aunque cuente con apoyo ciudadano. Tampoco es el primero de la historia aplaudido en las calles. El Ejército ha destituido a un presidente elegido en las urnas, ha suspendido la constitución, ha colocado a una marioneta, ha ordenado la detención de centenares de militantes del partido en el poder y ha cerrado los medios de comunicación más críticos. Sólo faltaban las marchas militares en la televisión estatal para cumplir por completo el manual del golpista.

En el momento de escribir este post se están produciendo graves enfrentamientos en el Cairo, entre partidarios de Mursi y el Ejército, que ha disparado contra los manifestantes y ha matado al menos a 17 personas.

Un partidario del gobierno de Mursi herido por disparos del Ejército en El Cairo.

2. La legitimidad procede de las urnas. Es cierto que las opciones no islamistas sumaron más votos en la primera vuelta de unas elecciones no del todo libres y no del todo limpias, que Mohammed Mursi ganó por un estrecho margen, y que después ha intentado poner en marcha un programa de máximos que ha irritado a amplísimos sectores de la población. El ministerio de Interior reconoció que en las manifestaciones del domingo participaron entre 14 y 17 millones de personas. Eso supone casi el 20 por ciento de la población del país, contando a niños, adultos y ancianos.Tampoco nadie duda que la gestión de Mursi ha sido ineficaz y que ha empeorado la calidad de vida de los ciudadanos. (No voy a extenderme en las razones del descontento porque las pueden encontrar en este artículo de Olga Rodríguez que anticipaba el golpe días antes de consumarse).  Pero parece exagerado asegurar que Mursi ha intentado transformar la república en un califato porque no controlaba el ejército, como se ha demostrado, ni el aparato judicial heredado de Mubarak. Argumentan también algunos analistas que el país se dirigía a la guerra civil o a la bancarrota.  Parece difícil que un gobierno pueda conseguir ambas cosas con sólo un año en el poder. Y justificar el derrocamiento de gobiernos legítimos sólo por ineficaces sería un caos. ¿Acaso quedarían muchos en el mundo? ¿Quedaría alguno en Oriente Medio?

3. El Ejército mantiene el poder. Como siempre desde la creación de la república hace más de medio siglo. Es parte del problema, de una arquitectura institucional asfixiante todavía por desmantelar, y no puede ser la solución. Los militares gozan de un gran prestigio entre la población y ello les permite seguir siendo, sobre todo, una gran empresa que controla el 20 por ciento del PIB a base de prebendas y corruptelas. Pero es también en enorme aparato represivo que estuvo al servicio de la dictadura de Mubarak. Incluso en sus últimos días. Mientras cubría las revueltas en El Cairo hace dos años me encontré a dos periodistas de la televisión rusa Star que habían sido torturados, no por policías, sino por militares. Les vendaron los ojos, les ataron las manos por la espalda, les golpearon y les trasladaron a un centro de detención secreto donde les amenazaron con violarlos: “¿Sois homosexuales, verdad? Porque si no lo vais a pasar muy mal”. Este es el rostro del Ejército que autorizó después las pruebas de virginidad para las opositoras detenidas y que esta semana dibujaba corazones de colores con aviones sobre la plaza Tahrir.

Momento de la oración en una manifestación pro Mursi en El Cairo, Egipto.

4. ¿Auge del islamismo político? El 73 por ciento de los egipcios censuraban la gestión del presidente Mursi, según una encuesta publicada por el Egyptian Center for Public Opinion, tan lejos como el 2 de julio. Muchos de ellos, en consecuencia, no le hubieran vuelto a votar. ¿Qué ocurrirá si el gobierno impuesto por el Ejército cumple su palabra y convoca elecciones? De momento, falta saber si los Hermanos Musulmanes seguirán siendo perseguidos, o podrán volver a concurrir a las urnas. Y en qué condiciones. Si lo hacen, no es descartable que rentabilicen el victimismo, como siempre han hecho. Al islamismo político, el movimiento mejor organizado después de la caída de las dictaduras, le había llegado el momento histórico de gobernar. En tiempos muy difíciles. Por lo tanto, probablemente también de fracasar, con lo que se podría producir la alternancia imprescindible para avanzar en el proceso democrático. Un proceso que queda interrumpido.

5. El peor mensaje al mundo árabe. La bolsa de Egipto se disparó el 10 por ciento el día siguiente al golpe. Eso significa que el poder económico da la bienvenida a la subversión. Tal vez sea una de las razones que explique el encogimiento de hombros de las grandes potencias. Puede, incluso, que la economía mejore. Y que los ciudadanos vivan mejor. Ojalá sea así. Pero el golpe en Egipto, el corazón del mundo árabe, lanza el peor mensaje a otros países que todavía caminan a tientas después de librarse de los regímenes mafiosos que los han oprimido durante décadas: no sirve de nada ganar las elecciones porque a los perdedores siempre les queda el recurso a la fuerza.

Como consecuencia de todo ello me ha parecido ver, de nuevo, al hombre del paraguas en las calles de El Cairo. En el documental de Errol Morris, el periodista Josiah “Tink” Thompson dice así: “si pones cualquier hecho histórico bajo el microscopio te encontrarás toda una dimensión de cosas absolutamente extrañas e increíbles que están pasando”. De todas ellas, sólo una me parece esperanzadora: los egipcios perdieron el miedo hace tiempo y ya conocen el camino de Tahrir.

 

 

6 Comentarios

  1. Muy ilustrativo en momentos de informaciones difusas e interesantísimo el documental de The umbrella man; no lo conocía.

    • Informaciones difusas. No lo hubiera dicho mejor. Se está contando mal lo que ha pasado en Egipto. El documental de Errol Morris es para enmarcar.

  2. Querido Vicente,
    La situación en Egipto es sumamente compleja y es difícil para todos nosotros sin excepción hacer una lectura de los eventos sin caer en trampas conceptuales/semióticas e ideológicas. Egipto es un país muy estratégico y lo que pasa en su escena política refleja una lucha de titanes entre las potencias internacionales sobre el control económico y político de toda la región. Por este motivo es muy importante leer con mucha precaución todas las posturas oficiales y “oficiosas” de esas potencias y sobre todo los términos utilizados por estas últimas para dar legitimidad a una u otra de las partes del conflicto.
    A nivel conceptual:
    – Decir que se trata de un “golpe de estado” o no releva únicamente de una lectura puramente ideológica e interesada que se utiliza en función de los intereses de las potencias. El General de Gaulle llegó al poder en Francia y instauró la V República después de un “Golpe de Estado” porque recurrieron a él fuerzas sociales y políticas que temían de los ultraderechistas franceses opuestos a la guerra de Argelia. Técnicamente hablando se trata de un “Golpe de Estado” pero los anales de la historia francesa y mundial nunca habían utilizado este término para definir la naturaleza del acto de del general De Gaulle que es un MILITAR.
    – Has hablado de que el ejército había cerrado “los medios de comunicación más críticos”. Si supieras de qué medios se tratan estoy segura que no volverás a utilizar estos términos. Las cadenas cerradas son las siguientes:
    – Misr 25
    – Al NAS
    – Al Hafez
    – Al Chabab
    – Al Hekma
    Son cadenas RELIGIOSAS y fanáticas que defienden mensajes de violencia, odio hacia el otro, hacia las mujeres y los cristianos y coptos y hacen llamamiento “al Yihad” contra Siria y contra todos aquellos que son “contrarios al Islam” según su punto de vista. Son cadenas realmente peligrosas porque amenazan la paz social.
    Verás, es muy importante conocer de cerca el entorno mediático del mundo árabe para poder decir que se trata de “medios críticos”. Yo sé que eres conocedor de la situación en Egipto pero el pulso real de esta sociedad se percibe en su comunicación social y mediática al que desgraciadamente las sociedades occidentales no pueden acceder a causa del obstáculo del idioma.
    Estoy en contra de cerrar los medios de comunicación de una forma arbitraria porque se debe de respetar un procedimiento legal. Pero estas cadenas son realmente un auténtico peligro para la seguridad y la paz social lo digo porque sigo muy de cerca los contenidos de las cadenas religiosas en el mundo árabe.
    Más allá del lenguaje jurídico y políticamente correcto, creo que la gran lección que tenemos que aprender de los últimos acontecimientos mundiales desde el 11S y desde que la razón económica se ha convertido en el único valor en las relaciones internacionales (la crisis mundial lo dejó muy claro) creo que es hora de volver a situar a las poblaciones como valor primordial en la decisión política. Los resultados de las elecciones tienen que dejar de ser consideradas como un cheque en blanco para los políticos para que hagan lo que les da la gana. Decir que se trata de un “Golpe de Estado” es un desprecio hacia la voluntad de los pueblos y un intento de hacer prevaler el lenguaje jurídico políticamente correcto sobre los intereses de las poblaciones. El pueblo egipcio ha reunido 23 milliones de firmas para la destitución de Morsi y 33 millones de manifestantes y la ley egipcia da derecho a la población a pedir su dimisión esto es lo que no dicen los medios de comunicación occidentales. Lo está fuera de la ley es Morsi porque desobedeció al pueblo. Existe la legalidad y la legitimidad. La legalidad la otorga la ley y la legitimidad la otorga el pueblo. En las auténticas democracias el pueblo es la fuente de la legitimidad pero en las democracias formales y atrofiadas los políticos se aferran a la legalidad de la ley para quedarse en el poder.

    • Querida Awatef:
      Además de las cadenas religiosas que citas, el Ejército interrumpió las emisiones (todavía sin explicación) y cerró las oficinas de Al Jazeera, que sigue siendo una cadena homologable a pesar de todo. Tienes razón en que la situación en Egipto es muy confusa y que es el tablero de una partida de ajedrez muy compleja. De hecho, también yo tengo más dudas que certezas. Sobre todo, por la alegría de muchos amigos egipcios, profundamente demócratas. Otros muchos, en cambio, tienen miedo a que esta operación del Ejército vuelva a robarles la revolución. Coincido con ellos. No creo que el Ejército deba intervenir en la situación política. Ni en Egipto ni en ningún otro lugar. Me reafirmo en que todo esto es un golpe militar. Y me resisto a dar saltos en el espacio y en el tiempo para hacer comparaciones. Citas a de Gaulle. Otros amigos, bien documentados, recuerdan la revolución de los claveles en Portugal e incluso a Hítler. Yo mismo me he encontrando recordando en Twitter, para rebatirles, lo que ocurrió en Argelia. Todos ellos son casos muy distintos y ajustados a un contexto que no podemos obviar. Los tiempos han cambiado. También, y mucho, en los países árabes. No, las elecciones no son un cheque en blanco. Y no todo vale después de ganarlas. Los HHMM han cometido errores, algunos muy graves, pero sin controlar el ejército ni el aparato judicial es imposible convertir -como se dice- la república en un califato. Estamos exagerando. Y lo podemos pagar muy caro si damos carta blanca al ejército para intervenir cuando lo consideren conveniente y colocar a dedo al presidente que les parezca. Dices también que el pueblo egipcio consiguió 23 millones de firmas. ¿Quién las ha contado? ¿Quién ha contado los manifestantes¿ ¿Y con qué criterio? Lo único que se ha contado, con observadores independientes, fueron los votos en las elecciones…de hace solo un año. Unas elecciones que la oposición perdió por su incapacidad para presentar una candidatura única. ¿Debemos detenerles también por incapaces? No tengo ninguna duda de que la legitimidad democrática reside todavía en el gobierno derrocado. El año que viene había elecciones. Ahora no tienen fecha. Los HHMM podían perderlas. La oposición, ganarlas. ¿Un avance? Otorgar la legimitidad “al pueblo”, como haces, puede ser un caos. Porque es imposible contabilizar los apoyos. ¿Qué hacemos ahora si los HHMM llenan cada día la plaza Tahrir aunque no ganaran las elecciones?. Además, desconfío mucho del ejército egipcio que, en algunos aspectos, se comporta como una mafia. Y no tiene ningún interés en apoyar una revolución que no les interesa porque, si triunfa, perderán sus enormes privilegios. Siento la dureza de mi diagnóstico. No soy ningún pesimista. Opino que todo irá a mejor. Pero que este golpe militar ha sido una mala noticia. ¿La peor? Desde luego que no. Sólo hay mirar a Siria.

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